Lunes, 17 de octubre de 2005 Por Félix Jiménez Profesor Universitario Willie Colón contesta el teléfono cantando en las oficinas de campaña de Michael Bloomberg en Nueva York. No está allí ahora, pero está siempre presente. El salsero grabó el mensaje musical que se escucha mientras se espera por que alguien conteste la llamada, y la salsa en el oído seduce a quien sea. Después de diez segundos, cualquier puertorriqueño olvida que está llamando a la oficina del alcalde que se encuentra en una batalla contra el puertorriqueño Fernando Ferrer por la dirección de la ciudad más importante del mundo. ¿Llegará el día en que un puertorriqueño logre regentar Nueva York? ¿Por qué en Hartford, Connecticut sí se puede y en Nueva York no?, es una pregunta que se hacen políticos y analistas por igual. Antonio Villaraigosa logró este año consolidar a sus constituyentes mexicanos en Los Angeles y celebrar la victoria con su lema “Seré el alcalde de todos”. Pero en Nueva York las encuestas más recientes indican que la ventaja de Bloomberg es de 14 puntos porcentuales sobre Ferrer, y que sólo 57% de los “hispanos” votaría por el puertorriqueño. Y aunque Ferrer ha intentado una campaña de inclusión bajo el lema “Make New York work for everyone”, el salsero Colón no es parte de ese “everyone”. Desde el 2001 ha estado firmemente al lado de Bloomberg, en fiestas en El Museo del Barrio, celebrando con los niños de El Bronx. De los siete directores de campaña, dos son puertorriqueños: Colón y Herman Badillo, quien se había opuesto a Bloomberg en las elecciones del 2001. La predicción es que “Bloomberito” -como le llama Colón- ganará las elecciones del 8 de noviembre, con la absoluta anuencia de los puertorriqueños. La música, más allá del mensaje telefónico en salsa, tiene su lugar en este juego de identidades políticas. El anuncio de que Colón grabará con Daddy Yankee (cuándo, nadie sabe) junto a las fotos de los dos que distribuyó el salsero por Nueva York y que colocó en su 'website', también se convierte en una historia de campaña. En una astuta triangulación de la política: unir la salsa y el rap, lo viejo y lo nuevo, como en una boda, para lograr resultados que parecerían incomprensibles: votos de puertorriqueños jóvenes para el Partido Republicano, es otro ejemplo de la apropiación del rap por los intereses políticos, igual que en Puerto Rico. Además, qué puede importar que todos los líderes demócratas de la ciudad (los senadores Hillary Clinton y Charles Schumer) y de la nación (Al Gore, John Kerry, Howard Dean) hayan apoyado a Ferrer si Bloomberg canta salsa en español y tiene a Colón que se fotografía con Daddy Yankee, que va a grabar con él, canta salsa y demuestra que de los dos contrincantes, Bloomberg es más “cool”. Y más boricua que Freddy Ferrer. Mientras Willie Colón busca votos en El Bronx, el resto de los estrategas se concentra en otras áreas de Nueva York (Corona, Jackson Heights, Washington Heights, Ozone Park) donde residen mayormente las poblaciones dominicanas, colombianas, hondureñas y de otros países centroamericanos y sudamericanos. Silenciosamente los estrategas han logrado minar el apoyo a Ferrer. En Washington Heights, por ejemplo, hay Dominicanos con Ferrer, pero están los Dominicanos con Bloomberg, influyentes comerciantes que movilizan votos. Un veterano comentarista político dominicano de Washington Heights dice que la música es sólo el 'frosting' del pastel: “Si el viejo Badillo se fue con Bloomberg, algo te dice eso de Ferrer”. Si el poder de la música resulta ser un factor catalítico, también será recordado como un intento de división de fuerzas en el momento más crítico de la búsqueda de poder político boricua en Nueva York. Ya la canción ha sido blanco de críticas, calificada como “una traición” por líderes y académicos puertorriqueños. Pero en la batalla músico-política “se vale to'”, como dice el grupo Residente Calle 13 en el rap que corre por Puerto Rico. Y si la estrategia calmada, calculadora y circunspecta de Fernando Ferrer en Nueva York no logra una repetición del triunfo de Villaraigosa en Los Angeles, quizás es que el candidato olvidó que no se puede dejar atrás (y ya es tarde para intentarlo) el arma secreta del cuerpo en movimiento, el arma de la emoción. La salsa, en Nueva York, se venga de maneras misteriosas.
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